21/06/2012 (15:07)
El Dr. Des Spence cuestiona los nuevos criterios del diagnóstico para enfermedades mentales
Por Dr. Des Spence - La Gran Época
Mar, 5 Jun 2012 15:14 +0000
Un paciente mira a través de la ventana de la puerta en el Centro Científico Estatal de Serbsky de Psiquiatría Social y Forense de Moscú. ¿Podrían los tratamientos psiquiátricos modernos hacer más daño que bien?, se pregunta el Dr. Des Spence. (Natalia Kolesnikova / AFP / Getty Images)
Comentario
La psiquiatría moderna perdió su camino. Los problemas y la cronicidad de las enfermedades mentales deben ser una prioridad para todas las sociedades y un estigma que se debe desafiar en todos los niveles. Pero, de acuerdo con los Centros de EE.UU. para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC), se considera que un asombroso 25% de la población tiene una "enfermedad mental".
Esta es una cifra tan grande que la única conclusión es que la psiquiatría está medicalizando la normalidad y participa en un sobrediagnóstico desenfrenado.
El diagnóstico psiquiátrico
La psiquiatría es intencionalmente cómplice de la medicación de cientos de millones de hombres, mujeres y niños. Gran parte de la responsabilidad por la creación masiva de enfermedades mentales se apoya en el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), que se utiliza para hacer el diagnóstico psiquiátrico de propiedad, escrito por la Asociación Americana de Psiquiatría. Esta publicación ha relajado los criterios diagnósticos y define "nuevas" condiciones altamente cuestionables.
El modelo de salud mental del DSM es biológico, donde todos los comportamientos solo se explican como un "desequilibrio químico" a nivel de los neurotransmisores. Por supuesto, el razonamiento es que, entonces, estos desequilibrios pueden ser tratados con lucrativos fármacos de marca. Y el DSM de Estados Unidos está asumiendo una posición dominante en el mundo en lo que respecta a las políticas de salud mental.
Ahora bien, este complejo industrial que se basa en la salud mental está exportando agresivamente estas ideas al mundo en desarrollo por medio de las armas de marketing de las grandes farmacéuticas.
Hay una nueva versión de DSM en preparación, el DSM-5. Entonces, ¿qué esperar?
La definición de enfermedad mental es una opinión y no hechos concretos. Y estas opiniones que lo definen las crean un pequeño grupo de oligarcas psiquiátricos que escriben el DSM. Sin embargo, esta opinión está contaminada, ya que muchos psiquiatras tienen vínculos financieros con la industria farmacéutica.
Por ejemplo, el diagnóstico de ADHD explotó en los EE.UU. en las últimas décadas y, en algunos Estados, el 15% de los niños son etiquetados y el 5,6% de los niños están obligados a tomar medicamentos psicoactivos, según el CDC. A pesar del hecho de que hay pocos datos sobre las posibles consecuencias negativas del uso a largo plazo de estos adictivos medicamentos.
Gran negocio
Hoy en día, el ADHD es un gran negocio. Un informe llevado a cabo por especialistas en el análisis de la industria, GlobalData, avalúa actualmente el valor del mercado en US$ 4 mil millones y se espera que se duplicará en la próxima década. Sin embargo, el 2008 el British Medical Journal reveló que los expertos mundiales en ADHD para Harvard habían recibido US$ 4,2 millones en pagos no revelados.
El campo de la salud mental es un “nirvana” de lucro, con gran cantidad de "pacientes" consumiendo múltiples medicamentos, muchas veces de por vida. Sin embargo, un ensayo de marzo de 2012, en la revista PLOS Medicine determinó que el 70% de los autores del nuevo DSM tienen vínculos y conflictos de interés. ¿Realmente deberíamos confiar en sus opiniones?.
¿El nuevo DSM-5 desafía de algún modo el sobrediagnóstico y sobretratamiento de enfermedades mentales? No.
Las nuevas propuestas parecen tener la intención de nunca aflojar el diagnóstico y recategorizar comportamientos normales como enfermedades. Incluso los juegos de azar y el sexo se consideraron para la inclusión en las adicciones conductuales. Además, las nuevas propuestas interpretarán el dolor natural del duelo afectivo como "depresión" clínica, si dura más de dos semanas.
Sin embargo, ¿la puesta en marcha de la medicalización del estado de ánimo y la ubicua prescripción de antidepresivos mejoraron la salud mental en los EE.UU.? Tristemente, algunos estudios revisados en 2010 en el Journal of the American Medical Association, incluso cuestionaron si estos medicamentos funcionan en lo absoluto, y sugirieron que no son mejores que los placebos recubiertos de azúcar.
El sobrediagnóstico de los niños
El elemento más perturbador del DSM es la invasión de la santidad de la niñez. Decenas de millones de niños normales pero faltos de atención, perturbadores, rebeldes, tímidos, que los profesionales encuentran difíciles de manejar fueron etiquetados de por vida como enfermos mentales.
Los niños son obligados a tomar medicamentos adictivos. Se trata de niños ya marginados en el sistema educativo y en la sociedad, que están siendo desproporcionadamente medicados y estigmatizados.
Estadísticas del CDC muestran que en Carolina del Norte el 15,6% de los niños son etiquetados con ADHD, en Nueva Jersey, 1 de cada 30 niños se considera que tienen trastorno de tipo autista, y un artículo de 2007 en Archives of General Psychiatry informó que la bipolaridad en los niños ha aumentado 40 veces en una década.
Lamentablemente, estos aumentos son aclamados como "mejor" diagnóstico y no por la calamidad de sobrediagnóstico que verdaderamente representan.
Las etiquetas psiquiátricas duran toda la vida, con el robo del bienestar y la pérdida de la infancia. Estos diagnósticos afectan el empleo futuro, las relaciones y la autoestima. ¿Cuáles serán las consecuencias de esta medicación sin sentido en las políticas del desarrollo mental y de las personalidades de nuestros vulnerables hijos? Además, muchos de estos problemas "conductuales" son simples temas parentales.
La medicalización por parte de los médicos y de la industria farmacéutica solo ha servido para socavar y descartar el papel de los padres.
El nuevo DSM-5 quiere ampliar y aflojar la definición del ADHH más allá. También se está introduciendo una nueva condición, "desregulación disruptiva del estado de ánimo” , pero no hay que dejarse engañar por el título. "Si los niños tienen rabietas" tres o más veces a la semana, estados de ánimo negativos, están siendo "irritables y enfadados"; entonces, escondiéndose detrás de la jerga pseudocientífica esto potencialmente constituiría una condición mental. ¿Puede esto ser así? Y la extensión lógica de esta "nueva" enfermedad será aún más medicación.
Estamos en una zona de desastre en la salud mental y el nuevo DSM-5 hará esto aún peor.
Ser crítico de la psiquiatría, a menudo, se confunde con el desdén hacia el sufrimiento de la gente. No es eso. Simplemente debemos acercarnos a los problemas de una manera diferente. Los psiquiatras tienen un deber hacia los enfermos y también con el bienestar.
La psiquiatría le está negando a la gente la oportunidad de desarrollar estrategias internas para afrontar los problemas, haciéndolos dependientes de los psiquiatras y de los medicamentos. El DSM-5 está plagado de conflictos de intereses financieros, medicalizará y medicará cada vez más a la humanidad.
Los médicos se oponen a la locura de la psiquiatría moderna.
El Dr. Des Spence es un médico y escritor con interés en limitar la influencia de las compañías farmacéuticas en la medicina y está comprometido a desafiar los tratamientos médicos innecesarios.
Fuente: http://www.lagranepoca.com/24249-psiquiatria-moderna-mas-dano-que-reparacion
Por Dr. Des Spence - La Gran Época
Mar, 5 Jun 2012 15:14 +0000
Un paciente mira a través de la ventana de la puerta en el Centro Científico Estatal de Serbsky de Psiquiatría Social y Forense de Moscú. ¿Podrían los tratamientos psiquiátricos modernos hacer más daño que bien?, se pregunta el Dr. Des Spence. (Natalia Kolesnikova / AFP / Getty Images)
Comentario
La psiquiatría moderna perdió su camino. Los problemas y la cronicidad de las enfermedades mentales deben ser una prioridad para todas las sociedades y un estigma que se debe desafiar en todos los niveles. Pero, de acuerdo con los Centros de EE.UU. para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC), se considera que un asombroso 25% de la población tiene una "enfermedad mental".
Esta es una cifra tan grande que la única conclusión es que la psiquiatría está medicalizando la normalidad y participa en un sobrediagnóstico desenfrenado.
El diagnóstico psiquiátrico
La psiquiatría es intencionalmente cómplice de la medicación de cientos de millones de hombres, mujeres y niños. Gran parte de la responsabilidad por la creación masiva de enfermedades mentales se apoya en el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), que se utiliza para hacer el diagnóstico psiquiátrico de propiedad, escrito por la Asociación Americana de Psiquiatría. Esta publicación ha relajado los criterios diagnósticos y define "nuevas" condiciones altamente cuestionables.
El modelo de salud mental del DSM es biológico, donde todos los comportamientos solo se explican como un "desequilibrio químico" a nivel de los neurotransmisores. Por supuesto, el razonamiento es que, entonces, estos desequilibrios pueden ser tratados con lucrativos fármacos de marca. Y el DSM de Estados Unidos está asumiendo una posición dominante en el mundo en lo que respecta a las políticas de salud mental.
Ahora bien, este complejo industrial que se basa en la salud mental está exportando agresivamente estas ideas al mundo en desarrollo por medio de las armas de marketing de las grandes farmacéuticas.
Hay una nueva versión de DSM en preparación, el DSM-5. Entonces, ¿qué esperar?
La definición de enfermedad mental es una opinión y no hechos concretos. Y estas opiniones que lo definen las crean un pequeño grupo de oligarcas psiquiátricos que escriben el DSM. Sin embargo, esta opinión está contaminada, ya que muchos psiquiatras tienen vínculos financieros con la industria farmacéutica.
Por ejemplo, el diagnóstico de ADHD explotó en los EE.UU. en las últimas décadas y, en algunos Estados, el 15% de los niños son etiquetados y el 5,6% de los niños están obligados a tomar medicamentos psicoactivos, según el CDC. A pesar del hecho de que hay pocos datos sobre las posibles consecuencias negativas del uso a largo plazo de estos adictivos medicamentos.
Gran negocio
Hoy en día, el ADHD es un gran negocio. Un informe llevado a cabo por especialistas en el análisis de la industria, GlobalData, avalúa actualmente el valor del mercado en US$ 4 mil millones y se espera que se duplicará en la próxima década. Sin embargo, el 2008 el British Medical Journal reveló que los expertos mundiales en ADHD para Harvard habían recibido US$ 4,2 millones en pagos no revelados.
El campo de la salud mental es un “nirvana” de lucro, con gran cantidad de "pacientes" consumiendo múltiples medicamentos, muchas veces de por vida. Sin embargo, un ensayo de marzo de 2012, en la revista PLOS Medicine determinó que el 70% de los autores del nuevo DSM tienen vínculos y conflictos de interés. ¿Realmente deberíamos confiar en sus opiniones?.
¿El nuevo DSM-5 desafía de algún modo el sobrediagnóstico y sobretratamiento de enfermedades mentales? No.
Las nuevas propuestas parecen tener la intención de nunca aflojar el diagnóstico y recategorizar comportamientos normales como enfermedades. Incluso los juegos de azar y el sexo se consideraron para la inclusión en las adicciones conductuales. Además, las nuevas propuestas interpretarán el dolor natural del duelo afectivo como "depresión" clínica, si dura más de dos semanas.
Sin embargo, ¿la puesta en marcha de la medicalización del estado de ánimo y la ubicua prescripción de antidepresivos mejoraron la salud mental en los EE.UU.? Tristemente, algunos estudios revisados en 2010 en el Journal of the American Medical Association, incluso cuestionaron si estos medicamentos funcionan en lo absoluto, y sugirieron que no son mejores que los placebos recubiertos de azúcar.
El sobrediagnóstico de los niños
El elemento más perturbador del DSM es la invasión de la santidad de la niñez. Decenas de millones de niños normales pero faltos de atención, perturbadores, rebeldes, tímidos, que los profesionales encuentran difíciles de manejar fueron etiquetados de por vida como enfermos mentales.
Los niños son obligados a tomar medicamentos adictivos. Se trata de niños ya marginados en el sistema educativo y en la sociedad, que están siendo desproporcionadamente medicados y estigmatizados.
Estadísticas del CDC muestran que en Carolina del Norte el 15,6% de los niños son etiquetados con ADHD, en Nueva Jersey, 1 de cada 30 niños se considera que tienen trastorno de tipo autista, y un artículo de 2007 en Archives of General Psychiatry informó que la bipolaridad en los niños ha aumentado 40 veces en una década.
Lamentablemente, estos aumentos son aclamados como "mejor" diagnóstico y no por la calamidad de sobrediagnóstico que verdaderamente representan.
Las etiquetas psiquiátricas duran toda la vida, con el robo del bienestar y la pérdida de la infancia. Estos diagnósticos afectan el empleo futuro, las relaciones y la autoestima. ¿Cuáles serán las consecuencias de esta medicación sin sentido en las políticas del desarrollo mental y de las personalidades de nuestros vulnerables hijos? Además, muchos de estos problemas "conductuales" son simples temas parentales.
La medicalización por parte de los médicos y de la industria farmacéutica solo ha servido para socavar y descartar el papel de los padres.
El nuevo DSM-5 quiere ampliar y aflojar la definición del ADHH más allá. También se está introduciendo una nueva condición, "desregulación disruptiva del estado de ánimo” , pero no hay que dejarse engañar por el título. "Si los niños tienen rabietas" tres o más veces a la semana, estados de ánimo negativos, están siendo "irritables y enfadados"; entonces, escondiéndose detrás de la jerga pseudocientífica esto potencialmente constituiría una condición mental. ¿Puede esto ser así? Y la extensión lógica de esta "nueva" enfermedad será aún más medicación.
Estamos en una zona de desastre en la salud mental y el nuevo DSM-5 hará esto aún peor.
Ser crítico de la psiquiatría, a menudo, se confunde con el desdén hacia el sufrimiento de la gente. No es eso. Simplemente debemos acercarnos a los problemas de una manera diferente. Los psiquiatras tienen un deber hacia los enfermos y también con el bienestar.
La psiquiatría le está negando a la gente la oportunidad de desarrollar estrategias internas para afrontar los problemas, haciéndolos dependientes de los psiquiatras y de los medicamentos. El DSM-5 está plagado de conflictos de intereses financieros, medicalizará y medicará cada vez más a la humanidad.
Los médicos se oponen a la locura de la psiquiatría moderna.
El Dr. Des Spence es un médico y escritor con interés en limitar la influencia de las compañías farmacéuticas en la medicina y está comprometido a desafiar los tratamientos médicos innecesarios.
Fuente: http://www.lagranepoca.com/24249-psiquiatria-moderna-mas-dano-que-reparacion









