06/08/2009 (01:09)
Mediando el segundo semestre, cada año se repite la misma escena: miles de alumnos de último año del colegio secundario “deben” decidirse.
Menuda tarea para ellos mismos y para padres y profesores que intentan entender y compartir este trance.
Si no existe una verdadera reflexión, un certero cuestionamiento acerca de sí mismos y de su historia, y un análisis de la oferta existente, la insatisfacción puede llevarlos en un viaje por un sinfín de carreras sinsentido.
El proceso de elegir un futuro no es lineal ni para todos igual. Hay quienes desde pequeños están orientados y seguros; nunca sentirán este momento como conflictivo (al menos desde lo vocacional). Para otros, es tan difícil que prefieren dilatar la pregunta lo más posible. Entre unos y otros se encuentran todos y cada uno de los sujetos que frente a su futuro se preguntan: ¿y yo, qué quiero? Las respuestas son tantas como personas que se preguntan, y en el intento de responderlas se encuentra el desafío de pensar e imaginar el futuro.
Es descabellado que a los 17 o 18 años se exija a una persona que sepa con rigurosidad a qué se va a querer dedicar toda una vida. Los test vocacionales son instrumentos estandarizados y poco específicos, con lo cuál complican más de lo que solucionan. Y así el nivel de deserción es muy alto y los cambios de carrera, con sus pérdidas de tiempo y dinero.
El sistema educativo funciona de un modo horrible y no colabora en lo mas mínimo con sus estudiantes para que tomen tremenda decisión.
Cómo fue tu experiencia? Qué decidiste y por qué?
Menuda tarea para ellos mismos y para padres y profesores que intentan entender y compartir este trance.
Si no existe una verdadera reflexión, un certero cuestionamiento acerca de sí mismos y de su historia, y un análisis de la oferta existente, la insatisfacción puede llevarlos en un viaje por un sinfín de carreras sinsentido.
El proceso de elegir un futuro no es lineal ni para todos igual. Hay quienes desde pequeños están orientados y seguros; nunca sentirán este momento como conflictivo (al menos desde lo vocacional). Para otros, es tan difícil que prefieren dilatar la pregunta lo más posible. Entre unos y otros se encuentran todos y cada uno de los sujetos que frente a su futuro se preguntan: ¿y yo, qué quiero? Las respuestas son tantas como personas que se preguntan, y en el intento de responderlas se encuentra el desafío de pensar e imaginar el futuro.
Es descabellado que a los 17 o 18 años se exija a una persona que sepa con rigurosidad a qué se va a querer dedicar toda una vida. Los test vocacionales son instrumentos estandarizados y poco específicos, con lo cuál complican más de lo que solucionan. Y así el nivel de deserción es muy alto y los cambios de carrera, con sus pérdidas de tiempo y dinero.
El sistema educativo funciona de un modo horrible y no colabora en lo mas mínimo con sus estudiantes para que tomen tremenda decisión.
Cómo fue tu experiencia? Qué decidiste y por qué?









